Oscura Ley
A Enrique MolinaAmo los cansados hoteles
de sábado por la tarde
y la vencida penumbra
de sus salones vacíos.
Cuán cerca estoy de la fatiga
con que los porteros
arrastran sus sueños
y el frío roe
a la joven recepcionista,
harta de oir mentiras.
Sin embargo, allí arriba
la carne se hace grave
y tierna a la vez.
Reclama, con dulce imperio,
otro reino, otra ley.
La férrea determinación inexorable
de llegar más allá de la dulzura
hasta la propia piel que no se ve.
Juan Gustavo Cobo Borda, Furioso amor, El Áncora editores.
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